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  • Writer: Marissa Galván
    Marissa Galván
  • Sep 23, 2025
  • 3 min read

Wander...


Some wandered in desert wastes,

finding no way to an inhabited town;

5 hungry and thirsty,

their soul fainted within them.

6 Then they cried to the Lord in their trouble,

and he delivered them from their distress;

7 he led them by a straight way,

until they reached an inhabited town.


I’ve always thought I was ambidextrous, but when I looked at the definition today, I realized that wasn’t the case. The classic definition of ambidextrous is being able to do the same task equally well with either hand — for example, writing, throwing, or brushing your teeth with both hands interchangeably. Even though I can bowl equally badly with both arms and cut food with either hand, what best describes me is something called mixed-handedness or cross-dominance.


According to the internet, this reflects how my brain’s hemispheres communicate and specialize. In strongly right- or left-handed people, the “maps” for movement, spatial awareness, and even language are usually anchored more clearly in one hemisphere. Mixed-handed people often have a more even (or at least different) distribution of these maps. For example, I favor one hand for some tasks and the other for different tasks: I write with my right hand but throw with my left (I’m a lefty in baseball and basketball). I can eat and cut with both.


I’ve always been fascinated by how that connects with my constant lack of direction. Research doesn’t seem completely unanimous, but several studies and meta-analyses show patterns:


  • Spatial orientation variability. Mixed-handed people sometimes score a bit lower on standardized tests of mental rotation and left/right discrimination. That doesn’t mean they can’t orient themselves — only that the system they use is less rigidly lateralized.

  • Left–right confusion. People who write with one hand but do sports with the other are more likely to hesitate when told “turn left” or “use your right foot,” especially under pressure. It takes me what feels like an eternity to figure this out when navigating.

  • Greater adaptability. On the flip side, mixed-handed people can be more flexible at integrating visual cues and landmarks. They may rely less on rote “left/right” thinking and more on a holistic map of the environment.


The internet assures me that if I notice occasional hiccups with left/right or navigation, it’s not a flaw — it’s just different brain wiring. Still, it can be unnerving, and it has led me to wander and get lost. It makes me anxious when asked to give directions, and I give thanks to God for whoever invented GPS… I just wish it didn’t say “turn right” or “turn left”!


For me, wandering is tied to getting lost and needing specialized, focused direction. The psalmist seems to describe something similar: the people wandered left and right, right and left, and found no water or food. But the Lord heard their cries and led them to an inhabited land, where they found what they needed to survive.


I’ve been lost, and I’ve felt my soul faint within me. I’ve cried in amusement parks, on college campuses, in department stores. Yet I’ve always been delivered into the safe arms of a parent, sibling, or friend. I’ve always reached an inhabited town.


In Puerto Rico, several older folks have wandered off and gotten lost. Some were found. Others were not. Getting lost can sometimes be a matter of life and death. So I pray for those who wander and get lost — that they may find a helping hand, where they don’t have to rely only on their own sense of left and right, and that they may find a way home.



 
 
 
  • Writer: Marissa Galván
    Marissa Galván
  • Sep 15, 2025
  • 1 min read

La venganza no sana…

El odio no sana…

Las balas no sanan…

La pena de muerte no sana…


Hemos llenado la vida del hombre

de lugares insanos.


O eres el héroe de la película…

O eres el debilucho de quien todos se burlan.


No nos damos cuenta de que la mayoría de los hombres vive en el entremedio,

y que los extremos… no sanan.


La vida más sana es amor.

La vida más sana es misericordia.

La vida más sana es empatía.


Pero en un mundo donde se predica

que la empatía es «nueva era»

y no una de las más hermosas características de Dios,

que se hizo ser humano,

la empatía más grande con la humanidad, en Jesús,

la apatía está en aumento,

y la simpatía se ve como debilidad.


Y así sigue la violencia.

Y así sigue el odio.

Y así sigue la venganza.

Y así sigue la muerte en pena.


Hasta que alguien se atreva a decir «basta»

y a probar algo nuevo,

que no quepa en pancartas,

sino que salga del corazón de un hombre,

capaz de amar y de perdonar…


Como lo hizo Jesús, que no fue héroe ni debilucho,

sino Emmanuel, Dios con su pueblo.

 
 
 
  • Writer: Marissa Galván
    Marissa Galván
  • Dec 20, 2024
  • 3 min read

Updated: Jan 1, 2025


Durante la época electoral, escuché a un candidato en Puerto Rico invitando a las personas a «votar por valores y no colores». Esta es una frase que suena poderosa y atractiva. Incluso, hay páginas de Internet diseñadas para ayudar a votar según los valores que marcan nuestras vidas y se habla de partidos que toman en serio o no los valores familiares de las personas. Sin embargo, muchas veces quienes se presentan como candidatas y candidatos limitan su discurso a valores familiares «de derecha» o «de izquierda» sin explicarlos con claridad. Cuando oí al candidato utilizando este llamativo eslogan, no pude evitar preguntarme: ¿De qué valores está hablando? ¿Está hablando sobre los famosos valores familiares, o está hablando de otra cosa?



Esta pregunta es, sin duda, sabia y válida. Como persona cristiana, entiendo que mis valores deben estar claramente definidos y basados en la vida y enseñanzas de Jesús. De lo contrario, podría cometer el error de votar por cualquier «Juan, Juana o Juane» que utilice términos ambiguos como «valores», «cristianismo», «conservadurismo» o «liberalismo». Saber cuáles son los valores que profesan estas personas es esencial para decidir si merecen o no mi voto.


A partir de mi estudio bíblico, estos son algunos de los valores más importantes que identifico en Jesús:


El amor

  • Amar a Dios y al prójimo: Jesús señaló que los mandamientos más importantes son amar a Dios con todo el corazón, alma y mente, y amar al prójimo como a uno mismo (Mateo 22:37–39).

  • Amor sacrificial y desinteresado: Cristo mostró el amor supremo al entregar su vida por la humanidad (Juan 15:13).


La compasión

  • Cuidar a quienes enfrentan exclusión: Jesús mostró una profunda compasión hacia las personas en pobreza, enfermedad o exclusión social. Sanó, alimentó y abrazó a quienes eran rechazados (Lucas 4:18–19; Mateo 25:35–40).

  • Perdonar: Practicó y enseñó el perdón, alentando a sus seguidores a perdonar como Dios lo hace con nosotros (Mateo 6:14–15; Lucas 23:34).


La justicia y la rectitud

  • Defender a las personas oprimidas: Jesús condenó la injusticia y la opresión, exigiendo equidad e integridad (Mateo 23:23; Lucas 4:18).

  • Practicar la verdad: Valoró la honestidad y la autenticidad en la adoración y las relaciones humanas (Juan 14:6; Mateo 5:37).


La humildad

  • Servir con humildad: Jesús modeló el liderazgo desde el servicio, lavando los pies de sus discípulos y enseñando que la grandeza radica en servir a los demás (Juan 13:14–15; Marcos 10:42–45).

  • Dependencia de Dios: Vivió en oración constante, confiando siempre en la voluntad del Padre (Mateo 26:39; Juan 5:30).


La paz

  • Promover la reconciliación: Bendijo a quienes trabajan por la paz y alentó la búsqueda activa de reconciliación (Mateo 5:9; Juan 14:27).

  • Rechazar la violencia: Nos enseñó a poner la otra mejilla y amar incluso a nuestras enemigas y enemigos (Mateo 5:38–44).


La fidelidad a la misión de Dios

  • Proclamar el Reino de Dios: Jesús dedicó su vida a anunciar la llegada del reino de Dios, un reino de renovación y restauración (Marcos 1:15; Lucas 4:43).

  • Obediencia a Dios: Se sometió plenamente a la voluntad de Dios, incluso hasta la muerte (Filipenses 2:8; Juan 17:4).


La inclusión

  • Dar la bienvenida a toda persona: Jesús acogió a quienes eran marginados, incluyendo a las personas consideradas pecadoras, recaudadores de impuestos y gentiles, extendiendo la gracia de Dios a todas (Lucas 19:10; Mateo 11:19).

  • Romper barreras sociales: Cuestionó las normas culturales al relacionarse con mujeres, samaritanos y otras personas excluidas (Juan 4:7–26; Lucas 8:1–3).


Estos valores nos presentan un Jesús que ama, sirve, perdona, abraza, no excluye ni odia, y utiliza su poder para sanar, nunca para destruir. Si estas características no están presentes en las personas que buscan servir en un puesto público, ya sea que provengan de la izquierda, derecha o el centro, entonces esas candidaturas no reflejan los valores que como seguidora de Cristo reconozco en mi fe.


Por eso, quienes seguimos a Jesús debemos preguntarnos: ¿Cuáles son los valores de las personas que pretenden representarnos? Si no hacemos esta reflexión, corremos el riesgo de votar basándonos en colores, prejuicios o intereses personales, en lugar de en principios. Y al hacerlo, perpetuamos las fobias, corrupciones y divisiones que Jesús vino a sanar.


¿Estamos realmente en la disposición de votar realmente por los valores de Cristo?

 
 
 

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