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  • Writer: Marissa Galván
    Marissa Galván
  • Sep 23, 2025
  • 4 min read

La importancia de las preguntas

El sábado pasado participé en un evento de educación cristiana del Sínodo. Me invitaron a hablar específicamente sobre el libro Preguntas presbiterianas, respuestas presbiterianas y su uso en los programas de educación cristiana. Una de las ideas que compartí fue la importancia de hacer preguntas en la educación y en el testimonio de la iglesia. No es casualidad que este formato de preguntas y respuestas se haya utilizado desde los comienzos del cristianismo como herramienta de instrucción.


En el Libro de confesiones de la Iglesia Presbiteriana (EE.UU.A.) encontramos al menos tres documentos que emplean este formato. El que más recuerdo es el Catecismo menor de Westminster, porque —como me dice mi madre— mi abuela tuvo que aprenderlo para ser miembro de la iglesia. Una de sus preguntas trata sobre la oración. La pregunta 98 dice:


«¿Qué es la oración?» R. La oración es un acto mediante el cual presentamos a Dios nuestros deseos, pidiendo solo aquellas cosas que estén de acuerdo con su voluntad y orando en el nombre de Cristo, confesando nuestros pecados y reconociendo con gratitud su misericordia.

Por su parte, el Catecismo de Heidelberg pregunta:


«¿Por qué es necesaria la oración para las personas cristianas?R. Porque es la parte principal de la gratitud que Dios exige de nosotras y nosotros, y porque Dios dará su gracia y su Espíritu Santo únicamente a quienes sinceramente oran sin cesar y expresan gratitud por estos dones.

La oración siempre ha sido un tema central de instrucción en la vida cristiana. No debe sorprendernos, entonces, que las cartas pastorales enseñen a Timoteo y a su comunidad acerca de ella. De hecho, el pasaje que acabamos de leer parece la contestación a una pregunta: ¿por qué cosas debe orar la comunidad cristiana?


En el pasaje más amplio de 1 Timoteo 2:1–15 encontramos cuatro énfasis:

  1. Orar por todas las personas, incluidas quienes gobiernan.

  2. Reconocer que la oración crea condiciones favorables para anunciar el evangelio.

  3. Entender la oración como una actitud de vida que conduce a la unidad, a la pureza y a las buenas obras.

  4. Asumir la oración como un llamado a la obediencia y a la humildad.


¿Orar por quién?

Sin embargo, la parte del texto en donde se posó mi atención comienza así:


«1 Ante todo, exhorto a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todas las personas; 2 por los reyes y por todas las autoridades, para que vivamos con tranquilidad y reposo, en toda piedad y honestidad. 3 Esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, 4 que quiere que todas las personas se salven y lleguen a conocer la verdad.»

¿Por qué la carta pide orar por quienes gobiernan para que vivamos con tranquilidad y reposo? Esta es una buena pregunta. La comunidad cristiana del siglo I vivía bajo el Imperio romano, donde la sociedad esperaba que se orara por el emperador. Algunas personas consideraban a la iglesia antipatriótica y antisocial, porque se negaba a participar en sacrificios o juramentos públicos al César. Así, la instrucción de orar por las autoridades podía ser una manera de mostrar que la comunidad no era una amenaza política, ganando espacio para la paz social y para proclamar el evangelio con libertad.


Otras interpretaciones sugieren que esta práctica no buscaba someterse, sino desactivar sospechas y evitar persecuciones innecesarias. Según otra lectura, la petición de «tranquilidad» se entiende como condición mínima para cumplir la misión de la iglesia: proclamar que Dios quiere que todas las personas se salven.


Una apelación al shalom

Sin embargo, la teóloga mexicana Elsa Tamez ofrece otra interpretación: la oración por las autoridades no es pasiva ni sumisa, sino un recordatorio público de su responsabilidad. Oramos para que el pueblo viva en paz y dignidad, que es la voluntad divina.


Es como si estuviéramos hablando de un quinqué en una noche oscura. Si tiene aceite y la mecha encendida, ilumina y cumple su propósito. Si el quinqué se apaga o se queda sin aceite, deja de servir el propósito para el que fue creado.


Así también, oramos para que las autoridades cumplan su deber de alumbrar el camino del pueblo con justicia, piedad y honestidad. Si no lo hacen, dejan de responder a lo que Dios espera de ellas. Estas dejan de cumplir con su propósito.


Además, Tamez recuerda que la palabra griega eusebeia («piedad») se refiere no solo a la devoción religiosa, sino a un modo de vida justo, digno y respetado socialmente. La oración pide, entonces, condiciones para que la vida comunitaria florezca según la voluntad de Dios.


Finalmente, ella conecta esta tranquilidad con el shalom bíblico: reconciliación con Dios, plenitud personal, justicia comunitaria y armonía con la creación.


Romper el silencio

El teólogo Walter Brueggemann afirma que «la oración es un acto de romper el silencio». La intercesión es irrumpir en los tribunales del poder en favor de otras personas.


En la congregación que pastoreo en Louisville, KY, la gente proviene de lugares donde hay violencia armada, opresión, pobreza y persecución, incluso allí mismo por causa del estatus migratorio. Las oraciones del pueblo son el corazón de nuestra adoración. A veces duran más que el sermón… ¡y nadie quiere que las acorte!


Oramos por la paz, por el shalom, por justicia.


  • Para que Dios dé sabiduría a quienes gobiernan en todo el mundo.

  • Para que abra sus entendimientos.

  • Para que transforme sus corazones.

  • Para que haya shalom donde hay guerra y violencia.

  • Para que dejen de morir niñas y niños por decisiones ambiciosas e irresponsables.

  • Para que no se persiga injustamente a inmigrantes ni a comunidades marginadas.

  • Para que no se manipule la justicia para castigar inocentes.

  • Para que haya equidad para todas las personas.


Una invitación

¿Qué añadirías tú a esta lista de oraciones?


Estoy convencida de que la oración no es lo único que podemos hacer, pero sí una de las acciones más poderosas. Nuestras oraciones deben pedir y anunciar paz, pero también exigir rendición de cuentas y denunciar cuando el bienestar de un pueblo está en riesgo.


Sin justicia no hay paz verdadera. Sin paz no hay justicia verdadera. El shalom solo se alcanza cuando todas las personas tienen acceso a la plenitud de vida.


Hoy, en el Día Internacional de la Paz, recordemos que la paz no es solo ausencia de guerra, sino un trabajo constante de justicia, reconciliación y cuidado mutuo. Oremos por decisiones de gobierno que promuevan paz, justicia y cuidado de la creación.


Oremos con poder.

Oremos con convicción.

Oremos con intención.

Para que en el mundo haya paz.

 
 
 
  • Writer: Marissa Galván
    Marissa Galván
  • Sep 23, 2025
  • 3 min read

Wander...


Some wandered in desert wastes,

finding no way to an inhabited town;

5 hungry and thirsty,

their soul fainted within them.

6 Then they cried to the Lord in their trouble,

and he delivered them from their distress;

7 he led them by a straight way,

until they reached an inhabited town.


I’ve always thought I was ambidextrous, but when I looked at the definition today, I realized that wasn’t the case. The classic definition of ambidextrous is being able to do the same task equally well with either hand — for example, writing, throwing, or brushing your teeth with both hands interchangeably. Even though I can bowl equally badly with both arms and cut food with either hand, what best describes me is something called mixed-handedness or cross-dominance.


According to the internet, this reflects how my brain’s hemispheres communicate and specialize. In strongly right- or left-handed people, the “maps” for movement, spatial awareness, and even language are usually anchored more clearly in one hemisphere. Mixed-handed people often have a more even (or at least different) distribution of these maps. For example, I favor one hand for some tasks and the other for different tasks: I write with my right hand but throw with my left (I’m a lefty in baseball and basketball). I can eat and cut with both.


I’ve always been fascinated by how that connects with my constant lack of direction. Research doesn’t seem completely unanimous, but several studies and meta-analyses show patterns:


  • Spatial orientation variability. Mixed-handed people sometimes score a bit lower on standardized tests of mental rotation and left/right discrimination. That doesn’t mean they can’t orient themselves — only that the system they use is less rigidly lateralized.

  • Left–right confusion. People who write with one hand but do sports with the other are more likely to hesitate when told “turn left” or “use your right foot,” especially under pressure. It takes me what feels like an eternity to figure this out when navigating.

  • Greater adaptability. On the flip side, mixed-handed people can be more flexible at integrating visual cues and landmarks. They may rely less on rote “left/right” thinking and more on a holistic map of the environment.


The internet assures me that if I notice occasional hiccups with left/right or navigation, it’s not a flaw — it’s just different brain wiring. Still, it can be unnerving, and it has led me to wander and get lost. It makes me anxious when asked to give directions, and I give thanks to God for whoever invented GPS… I just wish it didn’t say “turn right” or “turn left”!


For me, wandering is tied to getting lost and needing specialized, focused direction. The psalmist seems to describe something similar: the people wandered left and right, right and left, and found no water or food. But the Lord heard their cries and led them to an inhabited land, where they found what they needed to survive.


I’ve been lost, and I’ve felt my soul faint within me. I’ve cried in amusement parks, on college campuses, in department stores. Yet I’ve always been delivered into the safe arms of a parent, sibling, or friend. I’ve always reached an inhabited town.


In Puerto Rico, several older folks have wandered off and gotten lost. Some were found. Others were not. Getting lost can sometimes be a matter of life and death. So I pray for those who wander and get lost — that they may find a helping hand, where they don’t have to rely only on their own sense of left and right, and that they may find a way home.



 
 
 
  • Writer: Marissa Galván
    Marissa Galván
  • Sep 15, 2025
  • 1 min read

La venganza no sana…

El odio no sana…

Las balas no sanan…

La pena de muerte no sana…


Hemos llenado la vida del hombre

de lugares insanos.


O eres el héroe de la película…

O eres el debilucho de quien todos se burlan.


No nos damos cuenta de que la mayoría de los hombres vive en el entremedio,

y que los extremos… no sanan.


La vida más sana es amor.

La vida más sana es misericordia.

La vida más sana es empatía.


Pero en un mundo donde se predica

que la empatía es «nueva era»

y no una de las más hermosas características de Dios,

que se hizo ser humano,

la empatía más grande con la humanidad, en Jesús,

la apatía está en aumento,

y la simpatía se ve como debilidad.


Y así sigue la violencia.

Y así sigue el odio.

Y así sigue la venganza.

Y así sigue la muerte en pena.


Hasta que alguien se atreva a decir «basta»

y a probar algo nuevo,

que no quepa en pancartas,

sino que salga del corazón de un hombre,

capaz de amar y de perdonar…


Como lo hizo Jesús, que no fue héroe ni debilucho,

sino Emmanuel, Dios con su pueblo.

 
 
 

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