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  • Marissa Galván

Una idea radical

Estaba leyendo un artículo recientemente sobre como en el 1973 un ingeniero de la NASA llamado Jack Nilles escribió un libro que presentaba la posibilidad de que se trabajara de forma remota como una manera de remediar los problemas de embotellamiento de tránsito. El artículo también hablaba sobre las pocas ventas que había tenido el libro. Es probable que en ese momento esta idea no fuera muy popular y hasta que sonara un poco radical. En esos momentos no había computadoras personales. No había Internet ni tampoco muchos de los avances tecnológicos que tenemos ahora.


Es posible que por eso, la idea de Jack Nilles no fuera tomada en serio hasta el mes de marzo del año pasado, en donde miles de personas y compañías no tuvieron otra opción que adaptarse y permitir el trabajo remoto desde los hogares por causa de la pandemia.


Ahora la idea no suena tan descabellada porque, al descubrir que es posible, muchas compañias se están preguntando si deben mantener el trabajo remoto. De hecho, la agencia de la Iglesia Presbiteriana para la cual trabajo le hizo la pregunta a sus empleados y empleadas sobre si querían seguir trabajando desde casa. La respuesta de más de la mitad de las personas fue que trabajarían desde su casa a tiempo completo.


Es irónico que ahora una idea considerada radical en 1973, se ha convertido en una realidad por algo externo que hizo que las personas imaginaran que otra realidad era posible.


La propuesta radical de Jesús

Lucas 24,36b-48, que es parte del ciclo pascual nos invita a entrar en una habitación cerrada en donde los discípulos y discípulas se han estado escondiendo desde la muerte de Jesús. Este grupo ha escuchado por medio de las mujeres que la tumba está vacía. También ha escuchado el testimonio de dos discípulos que reconocen a Jesús cuando van de camino a Emaús. Sin embargo, como quiera el grupo anda escondido es una habitación, sintiendo miedo ante lo que pueda suceder.


Nos dice la Escritura que en medio de la habitación «Jesús se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz sea con ustedes!" Ellos se espantaron y se atemorizaron, pues creían estar viendo un espíritu».


Stephen A. Cooper, en su comentario al pasaje dice que la visita de Jesús tienen una doble agenda: explicar a sus discípulos y discípulas sobre Cristo y comisionarles para predicar el evangelio.


Por eso, Jesús comienza a explicarles las cosas paso por paso. Él se asegura de que sepan que es realmente él cuando les invita a tocar y a examinar. Se asegura de que sepan que no es un fantasma o espíritu cuando pide algo de comer. También se asegura de que recuerden las palabras que él les ha dicho: «Estas son las palabras que les hablé estando aún con ustedes: que era necesario que se cumplieran todas estas cosas que están escritas de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos».


Sin embargo, me parece que en ese momento Jesús mira las caras de los discípulos y discípulas y se da cuenta de que todavía la confusión y el miedo les ahogan. Después de todas estas explicaciones, después de verle cara a cara, después del testimonio de las mujeres y de los discípulos de camino a Emaús, después de recordarles que su resurrección es el cumplimiento de todas las enseñanzas que han aprendido desde su niñez... todavía ellas y ellos no pueden comprender o aceptar lo que estaba frente a sus ojos. Es posible que su miedo todavía estuviese venciendo a su esperanza.


Y es posible también que como ha pasado tanto tiempo, y cómo conocemos la historia tan bien y aceptamos todo lo que nos dice la Escritura, no entendamos que lo que Jesús le esta pidiendo a los discípulos y discípulas que entiendan es una idea radical: les está pidiendo que crean en la resurrección, en que alguien se ha levantado de la muerte, en que un hombre mortal puede desafiar a la muerte... y esto es solamente hablando del aspecto físico de la idea. Si hablamos del aspecto teológico de la idea, estamos declarando, en contra de toda lógica que la muerte no es la palabra final. y en que han visto el cumplimiento de la promesa del Mesías que ha conquistado la muerte por su bien.


Es posible que el que un hombre resucite nos maraville. Pero esta propuesta o idea radical tiene connotaciones más profundas que lo que los discípulos y discípulas... y quizás nosotres podemos entender. Por eso, Dios da un paso extra: Jesús les abre el entendimiento a los discípulos y discípulas para que comprendan las Escrituras.


Solo por medio de esta acción de Jesús es que los discípulos y discípulas quedan libres de los malos entendidos, libres de sus miedos y entonces pueden recibir la comisión a dar testimonio. Sólo en ese momento ellos y ellas pueden aceptar esta idea radical y dejar que entre en sus corazones para recibir la transformación que les permite predicar el evangelio.


Otra propuesta radical

Nancy R. Blakely, en sus comentarios sobre este pasaje dice que necesitamos otra apertura de nuestro entendimiento en el día de hoy que nos libere de nuestros miedos. Necesitamos una transformación que nos permita entender totalmente el tema, propuesta o idea radical que Jesús propone: que la muerte no es la palabra final.


Luego, ella afirma que este tema es problemático en un momento de la vida en que la seguridad nacional nos preocupa tanto. Ella hace una pregunta interesante: ¿Es posible que nuestros intentos de mantenernos seguros y seguras puedan estar trabajando en contra de la paz que necesita el mundo? Blakely afirma que es cierto que el escondernos detrás de puertas cerradas pueda ayudarnos a sentir más seguridad, pero que esto no hace que dejemos la desconfianza y el temor atrás.


Sus palabras y las palabras de Jessica Vazquez Torres me recuerdan otra propuesta que ha sido llamada una «idea radical».


Vazquez Torres compartió en un taller sobre anti-racismo que la primera vez que ella escucho la idea de «definanciar a la policía» ella pensó que eso no era una posibilidad. Es posible que tú pienses lo mismo. Sin embargo, ella siguió dándole pensamiento y compartió su reflexión en el taller. Básicamente se cuestionó el por qué la gente no puede plantear una idea radical que pide cambiar una policía militarizada que no quiere rendir cuentas a la comunidad, que no quiere ser juzgada por sus acciones, y cuyos actos están impactando de manera desproporcionada a las comunidades de color. ¿Cómo es esto el tipo de ejercicio policial que queremos para cualquier persona en nuestra comunidad?


Así que para ella, este llamado a cambiar la manera en que financiamos a la policía, a usar parte del dinero que se usa para comprar más equipos, más armas usadas por el ejercito y otras cosas por el estilo son vislumbres de proyectos de descolonización que existen en todos los Estados Unidos, dirigidos por comunidades de color, empujados por comunidades de color, y empujando a la gente blanca a tener una imaginación más amplia y radical. Algunos de estos proyectos están empujando a la sociedad a abrir su entendimiento.


En otro artículo, Keeanga-Yamahtta Taylor nos recuerda que durante años muchos grupos y activistas han ido a alcaldías y senados estatales demandando que haya más trabajo y no más carceles, cuidado y no más policias, y libros y no tantas celdas, pidiendo a la oficialidad de las ciudades y los estados que dejen de aumentar los presupuestos para la policía y las cárceles. Sin embargo, las personas que hacen las leyes han ignorado estos pedidos y el presupuesto de la policía se ha triplicado en los últimos 40 años, ayudando a los Estados Unidos a ser uno de los líderes mundiales en encarcelamientos y muertes a mano de la policía.


Sin embargo, seguimos funcionando bajo palabras que definen la locura y la insensatez. «La locura es hacer lo mismo una y otra vez, esperando resultados diferentes».


En las últimas dos semanas... vimos la muerte de Daunte Wright, asesinado por una mujer policía. También vimos la muerte de Adam Toledo, un adolescente de 13 años en Chicago. En esta misma semana, por fin vimos a un policía rindiendo cuentas por abusar de su poder al asesinar a George Floyd, poniendo su rodilla sobre su cuello innecesariamente durante nueve minutos y veintinueve segundos. Sin embargo, esto fue una excepción a la regla, que ha visto como algunos policías han sido declarados inocentes o no han sido enjuiciados por abusos de poder que terminan en la muerte de una persona, que usualmente es un hombre negro. Esto para mi es una locura. La obsesión de este país con las armas de fuego y con la violencia es una locura. La terquedad de no cambiar un sistema y un proceso que no están funcionando es una locura. Y le pido a Dios que abra nuestros entendimientos, para que podamos abrir nuestros corazones a nuevas ideas, a ideas radicales que pongan un alto a toda esta muerte y que declaren de una vez y para siempre que «la muerte no tiene la última palabra». La muerte no tuvo que ser la última palabra para George Floyd... para un hombre negro de veinte años... o para un adolescente latino de 13 años de edad.


Posibilidades radicales

En otro artículo, Sam Levin habla de Austin, Texas, irónicamente el mismo lugar en donde recientemente fueron asesinadas tres personas. Él dice que la ciudad decidió cortar 20 millones de dólares del presupuesto del departamento de la policía y que movió 80 millones de dólares de la agencia, moviendo ciertos servicios fuera de los cuerpos policiales. La ciudad ha pasado de gastar el 40 por ciento de su fondo general de 1.1 mil millones en la policía a distribuir el 26 por ciento a los cuerpos policiales.


¿En dónde se están usando estos fondos? En servicios médicos de emergencia para COVID-19. En doctores/as para la comunidad. En personal de primeros auxilios especializados en salud mental. En servicios para personas sin hogar. En programas de abuso de sustancias. En programas para que las personas tengan acceso a alimentos. En programas de desarrollo para conseguir trabajo. En servicios para mujeres que deseen acceso a control de natalidad. En programas para apoyar a víctimas. En parques.


El concilio de la ciudad también está usando el dinero que está ahorrando del presupuesto de la policía para comprar dos hoteles para proveer hogares transitorios a personas sin hogar.


Estoy casi segura de que hay personas que viven en Austin que están alarmadas y temerosas ante estos cambios. También estoy segura de que usarán los asesinatos que sucedieron recientemente para tratar de echar atrás algunas de estas propuestas. Es natural que el ser humano sienta temor ante los cambios. Es natural que queramos protegernos de las cosas que nos asustan y que no podemos entender. Sin embargo, vuelvo a hacerme la pregunta que hizo Blakely: ¿Es posible que nuestros intentos de mantenernos seguros y seguras puedan estar trabajando en contra de la paz que necesita el mundo? ¿Están las puertas cerradas o el gastar más en militarizar a la policía, o permitir que la gente pueda conseguir armas de fuego sin restricciones minimizando nuestros miedos y nuestra desconfianza? Mi mente y mi corazón dicen que no... y espero en Dios que podamos encontrar una nueva manera de hacer las cosas... una manera radical... en donde la muerte no siempre tenga la palabra final. En donde la palabra final sea: VIDA.


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