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  • Marissa Galván

Vamos a volver a bailar


Us Again

El viernes, estaba viendo una película corta de Disney llamada «Us again». Ésta presenta un mundo en donde todo el mundo vive la vida bailando... excepto un hombre mayor que solamente quiere estar en su sillón mirando la televisión. Su pareja, que tiene la misma edad, quiere salir a bailar y trata de invitarlo a que salga. Pero él no quiere. Ella, triste, sale sola y él, después de notar su tristeza mira desde el balcón de su apartamento, buscándola entre la multitud de la gran ciudad. De repente, comienza a llover y sucede algo milagroso... él vuelve a ser joven... y encuentra una razón para bailar nuevamente.




Muerte y resurrección

La película, que fue estrenada en el 2021, parece ser perfecta para los tiempos en que estamos viviendo. Es una invitación a mirar hacia atrás y a seguir adelante, sabiendo que aun cuando el tiempo pasa, aun cuando confrontamos momentos en nuestras vidas que son doloroso... o aun cuando nuestro cuerpo está adolorido... siempre hay una invitación abierta a encontrar el gozo que hay en la vida.


La película me recordó el versículo 16 de 2 Corintios 4, «Por lo tanto, no nos desanimamos. Y aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando de día en día». Al Pablo hablar a la iglesia en Corinto, él le recuerda las implicaciones de seguir al Maestro que, aunque es divino, tiene que pasar por todos los sufrimientos que cualquier ser humano puede enfrentar: no tener una casa, depender de la bondad de personas desconocidas, vivir con el rechazo de las autoridades que le miraban con desconfianza y desprecio, ser acusado y condenado siendo inocente y ser sentenciado a morir en una cruz.


Pablo expresa esto porque es importante que las personas que están teniendo dudas sobre su ministerio lo escuchen. Esas personas dudan, precisamente por lo difícil que le resulta a Pablo hacer su trabajo. Había personas de la iglesia que estaban diciendo que la persecución y el sufrimiento eran señal de fracaso. Pablo está tratando de explicar que es todo lo contrario. Como dice Jennifer V. Pietz, el sufrimiento de Pablo demuestra que él encarna la predicación del evangelio de Aquel que murió para liberar a la gente del pecado y de la muerte, una victoria que es realizada al Dios resucitar a Jesús de la muerte.


Para Pietz, Pablo está tratando de demostrar que toda la vida cristiana envuelve una muerte y resurrección continua en conformidad con el Cristo crucificado y resucitado. En la vida cristiana, la muerte y la resurrección están conectadas como el lamento y la esperanza, y como la gracia y la gratitud, no como términos dualistas o como dos extremos, sino como un proceso de continuidad, en donde la vida está hecha de momentos muerte y resurrección, de momentos de lamento y esperanza, y momentos de gracia y gratitud. Como Cynthia Briggs Kittredge explica, este proceso de vida o de preparación se da en la tensión entre lo externo y lo interno, entre lo presente y lo futuro, entre lo que se ve y lo que no se ve.


Dios de la muerte y la resurrección

El problema es que los seres humanos tenemos problemas en entender esta dinámica. Cuando enfrentamos muerte, se nos hace difícil ver la resurrección. Cuando experimentamos resurrección, caemos al suelo cuando la muerte se aparece. Cuando hay sufrimiento, se nos hace difícil creer en el gozo. Y cuando hay gozo, tratamos de evitar el sufrir, sin entender que siempre está presente y que no es una señal de pecaminosidad, o de que nos han lanzado una maldición... porque es la misma vida a la que se enfrentó el Maestro al que seguimos.


Pablo declara que «aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando de día en día». Tengo 53 años... y sé que entre más pasa el tiempo, las posibilidades de morir van aumentando. Pero mi esperanza en esta vida y algo con lo que estoy trabajando es crecer en mi habilidad de restablecer el gozo, restablecer la esperanza y restablecer la gratitud. Y esa habilidad no viene necesariamente de cosas que son efímeras, fugaces o finitas. Viene de cosas que son eternas. ¿Qué significa esto? Que estoy dependiendo no de mi propia fuera, de mi propio cuerpo, o de mis propios recursos, sino que estoy anclada en aquel que murió y resucitó... y también en la familia que dejo aquí, su iglesia. No estoy sola en mi sufrimiento. No estoy sola en mi dolor. El sufrimiento y el dolor no son signos de que Dios me ha abandonado. Aquel que le ha hecho frente al dolor y a la muerte también puede hacer revivir el gozo y la esperanza.


Vamos a danzar

El final de la película que mencioné anteriormente me sorprendió. La lluvia vuelve joven a la pareja anciana. Comienzan a bailar... pero como siempre sucede, la lluvia se mueve y termina. Las nubes se las lleva el viento. El hombre se da cuenta de que cuando la lluvia deja de tocarlo, él vuelve a envejecer. Él comienza a perseguir la lluvia, agarrando a su amada por la mano. Corre y corre hasta llegar a un muelle. Corre tanto que suelta la mano de su amada y la deja atrás... pero inevitablemente, la lluvia continúa su marcha hacia el océano y el vuelve a la realidad de su vejez.


Triste, vuelve a su paso lento y a sus achaques. De repente mira hacia donde comienza el muelle y ve que su amada está sentada en un banco, mirando hacia el suelo. Camina lentamente hacia ella y se sienta a su lado. Luego, mira hacia la costa y ve que hay un carnaval que ni había notado. Todo el mundo en el carnaval está bailando. Él camina un poco... y al ver todo el baile que le rodea, mira nuevamente a su amada... y la invita a bailar.


Hay muchas cosas que hemos perdido durante este tiempo. Hemos perdido vidas, relaciones, trabajos, salud, confianza y paz... muchas... muchas cosas. Sin embargo, al recordar todo el sufrimiento y la muerte... también Dios nos llama a recordar el gozo y la resurrección, porque la vida está hecha de todas estas cosas.


Dios nos llama a recordar, porque, como Pablo dijo, «bien sabemos que, si se deshace nuestra casa terrenal, es decir, esta tienda que es nuestro cuerpo, en los cielos tenemos de Dios un edificio, una casa eterna, la cual no fue hecha por manos humanas». Recordemos entonces, que Dios nos invita al gozo y a la esperanza... haciendo memoria que a quien seguimos, es el Señor de la danza, como dice el viejo himno.


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