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  • Writer: Marissa Galván
    Marissa Galván
  • Jul 22, 2019
  • 7 min read

Updated: Jul 23, 2019



Marta... Marta... Dicen por ahí que el pasaje sobre Marta y María presentado en Lucas 10,38-42 es uno de los pasajes que menos le gustan a las mujeres. Quizás es porque Marta y María son presentadas como dos personalidades excluyentes y en conflicto. María es la idealista, Marta es la realista. A María le gusta reflexionar y leer. A Marta le gusta hacer cosas manuales y no tiene tiempo para detenerse a oler las rosas.


Marta en cierto sentido representa el rol tradicional de una mujer que recibe a un visitante en su casa. Usualmente queremos que todo esté perfecto. Limpiamos, lavamos, compramos comida que pensamos le gustará a quien visita. Preparamos la cama, si la persona se va a quedar hasta el próximo día y queremos ser las mejores anfitrionas posibles.


Para las mujeres que se identifican con Marta en este pasaje bíblico, las palabras de Jesús pueden sentirse como un puño en el estómago: «Marta, Marta, estás preocupada y molesta por demasiadas cosas, pero sólo hay algo realmente importante. María ha elegido lo mejor, y nadie se lo puede quitar».


El acercamiento clásico a la predicación de este pasaje no ayuda a evitar este sentimiento. Usualmente se enfatiza que el mensaje de la lectura bíblica es que Jesús le está diciendo a Marta que escuchar sus enseñanzas, que una vida de reflexión y estudio, que el tener una disciplina de meditar en la Palabra de Dios es más importante que vivir preocupada o con muchas distracciones. La gente debe tomar tiempo para leer la Biblia, para orar, para venir a la iglesia y para escuchar música cristiana. Tenemos que tener cuidado con no dejar que la rutina de la vida nos consuma, porque eso nos puede distraer de elegir la mejor parte.


Sin embargo, hay otras maneras de entender esta historia en donde el mensaje de Jesús o lo que Jesús hace, representa otra cosa. Su agenda quizás no es el provocar una competencia entre Marta y María, entre un estilo de vida contemplativo y uno de acción, sino en dar a las mujeres una posición de igualdad dentro de la familia de Dios.


El peligro de las competencias

Karoline Lewis, en su analisis de este pasaje presenta esta posibilidad. Ella se pregunta por qué a través de los siglos, las predicaciones han puesto a estas dos mujeres a competir. ¿Cuál es la agenda de esta exégesis o interpretación presentada tan frecuentemente? Ella dice que la razón es que la sociedad alimenta y depende de la socialización de la mujer hacia la competencia, el juicio y la expectativa.


La competencia debilita la posición de la mujer. La competencia es una distracción que la aleja de reconocer cuáles son las verdaderas razones por las cuales no tiene una posición de igualdad con los hombres. Lewis va más allá. Ella afirma que cuando hacemos que Marta y María compitan, que cuando presentamos sus actividades en competencia, lo que estamos haciendo es debilitar la naturaleza de la persona de Jesús.


Si Jesús favorece a María, él está hablando en contra del servicio y de la misión... y sabemos que Jesús daba importancia a servir. En muchas ocasiones él se presentaba a si mismo como siervo. El sanó a las personas enfermas. Él lavó los pies de los discípulos. Jesús no era alguien que hablara en contra del servicio.


Si Jesús favorece a Marta, entonces está hablando en contra de una vida contemplativa y de oración... y sabemos que las acciones de Jesús decían otra cosa. Él era un hombre de oración. Él era un hombre que estudiaba las Escrituras. Era un hombre al cual le gustaba tener conversaciones sobre las aplicaciones de la ley en su tiempo. El dejar a un lado la oración y el estudio no era una característica de Jesús.


Por eso, Lewis concluye que esta historia bíblica no es sobre quién es mejor o sobre qué es mejor, sino sobre reconocer que aún una mujer puede ser una discípula de Jesús. Una mujer también se puede sentar a los pies de Jesús a aprender.


Miremos nuevamente a Marta. Marta llena los esteriotipos que la sociedad ha impuesto sobre la mujer desde muchos siglos atrás. Ella es quien cocina. Ella es quien limpia. Ciertamente esto es así en nuestro mundo latino. Recuerdo en muchas ocasiones ver a una mujer en las actividades de la iglesia llevándole comida a su esposo e hijos, todos sentados cómodamente esperando a que les traigan el plato de comida y el vaso de agua. El hombre provee dinero y la mujer cuida a la familia. En muchas iglesias sucede lo mismo. El hombre es el pastor que predica desde el púlpito... y las mujeres son quienes preparan el almuerzo que se usa para ganar el dinero que sostiene la misión de la iglesia. Y si miramos nuevamente a María... es posible que los discípulos alrededor de ella estuviesen pensando... ¿por qué no está ayudando a su hermana?


Sin embargo, Jesús parece estar diciéndole a Marta... «tú y María pueden ser discípulas mías también. No te preocupes. Suelta los calderos y siéntate al lado de tu hermana. Ustedes dos tienen derecho a aprender. Tienen el mismo derecho que cualquiera de mis discípulos de aprender y de compartir lo que han aprendido».


Lewis nos dice que esta historia nos lleva hacia lo que es posible... nos lleva a lo que Dios quiere que sea posible.


Lo que Dios quiere que sea posible

Me encanta esta interpretación porque, además de que soy una mujer trabajando como pastora, esta interpretación me habla de quién es Jesús. Me habla de la naturaleza de Jesús, que existe más allá de mis reacciones o el estilo de vida que elijo seguir como cristiana.


Jesús quiere que todo el mundo tenga acceso a él. Jesús quiere que todas las personas sean sus discípulas. Jesús le enseña a todo el mundo. Jesús es siervo de todo el mundo. Jesús representa la idea de un reino en donde todas las personas puede vivir más allá de las expectativas que la sociedad les impone. Jesús quiere que lleguemos a ser lo que Dios considera que es posible que seamos. Eso significa ser plenamente hijas e hijos de Dios y discípulas o discípulos de Cristo.


El problema con la humanidad es que esta demasiado preocupada y distraída con las competencias entre quien es más santo porque ora más, o porque hace más. No nos damos cuenta de quien es Jesús en esta historia y no entendemos su mensaje revolucionario y de equidad. Más allá de eso, no entendemos el impacto que su mensaje y su ejemplo deben tener en nuestras vidas. No podemos ver lo que Dios quiere que sea posible.


El Dios de amor tuvo una mala semana

Estaba leyendo un artículo esta semana que se titula «The God of Love Had a Really Bad Week» (El Dios de amor tuvo una mala semana). Fue escrito por Diana Butler Bass, una pastora metodista que admiro.


En este artículo, ella reflexiona sobre ver el evento en donde una multitud, respondiendo a las críticas del presidente a una congresista que nació en Somalia, pero que es ciudadana americana, comienzan a decir una y otra vez la frase «envíenla de vuelta». La reacción de Diana es una que me parece familiar, porque yo también la he pensado: ¿esta gente alguna vez fue a una escuela bíblica dominical?


Más allá de que pienso que es importantísimo ir a la iglesia a estudiar la Biblia, pienso que su preocupación es válida. ¿Qué hemos aprendido de Jesús que nos lleve a decir las palabras «envíenla de vuelta»? Ella se pregunta si las personas en este evento recuerdan una canción que muchos niños y niñas aprendieron en la iglesia:



Jesús ama a TODOS los niños y niñas. Él se preocupa por TODAS las niñas y niños. Y parece haber una crisis en el alma del ser humano cuando algunas personas olvidan este dato tan sencillo. Jesús quiere que TODAS las personas se sienten a sus pies a aprender. Jesús sirvió a TODAS las personas. Jesús vino para TODAS las personas.


Puerto Rico

Quizás usted ha escuchado que en Puerto Rico las cosas no están bien. La gente está protestando, pidiendo al gobernador Ricardo Roselló que renuncie. Las razones pueden ser varias. No ha sabido manejar la situación de crisis que atraviesa la isla después del paso de los huracanes Irma y María, Hay personas dentro de su gobierno que han sido acusadas de cometer mal manejo de fondos públicos. Y para terminar, también se han publicado una serie de conversaciones en uno de los lugares de chat en la Internet en donde el gobernador y un grupo de amigos cercanos se burlan de mujeres, de una persona gorda, hacen mofa de las personas que perdieron seres queridos después del huracán María y hacen chistes pesados sobre personas homosexuales. Además, personas que no son parte del gobierno están siendo beneficiadas con información que les ha dado mucho dinero.


Para mi, ambas situaciones y ambos líderes están conectados. Tanto el presidente de los Estados Unidos, como el gobernador de Puerto Rico fueron electos por el pueblo para ser servidores públicos. Ambos entraron al poder bajo la expectativa de que servirían a TODO el pueblo, sin importar las críticas, su estatus económico, o cualquier otra diferencia. Y los dos han fallado al no servir para el beneficio de TODO el pueblo.


Ambos han escogido el camino de servir a las personas que consideran dignas o a las que les convienen. Ambos han escogido servir para beneficio propio. Y ambos viven de manipular al pueblo de manera tal que sienten que hay bandos compitiendo por las migajas que ellos se dignan en arrojar. Y caemos en la trampa de poner a competir a Marta y a María. Si una gana la otra pierde... y se distraen sin poder luchar por lo que Dios piensa que es posible para ellas, sin poder difrutar de la mejor parte.


Por eso, mi invitación en estos momentos difíciles es a poner los ojos en Jesús. En ese Jesús, que a través de su vida incluyó a las personas rechazadas y marginadas. En ese Jesús a quien le pudieron haber gritado «envíenlo de vuelta» a Nazaret, porque se atrevió a cuestionar a las autoridades religiosas y políticas de su tiempo. En ese Jesús, de quien el Sanedrín probablemente se burlaba porque su definición del reino y de las leyes decía que TODA persona tenía derecho a estudiar, a mejorar, a tener salud, a tener la misma importancia delante de los ojos de Dios y a ser hijos e hijas de Dios.


Es muy importante mantener nuestros ojos en Jesús. Es muy importante que nos sentemos a sus pies. Es muy importante servir como él sirvió. Amar como él amó. Vivir como él vivió y tener la esperanza que él tuvo. Pero quizás... en esto momentos históricos... también es importante retar como él retó, hablar como él habló, incluir como él incluyó y levantarnos ante la injusticia como él lo hizo. Eso es lo que Dios quiere que sea posible. Que Dios no ayude a hacer que esto sea una realidad. Amén.

 
 
 
  • Writer: Marissa Galván
    Marissa Galván
  • Apr 1, 2019
  • 6 min read


El futuro cambia

Bernard C. Meltzer era un anfitrión de un programa radial en los Estados Unidos. Era un programa de pedir consejos sencillamente llamado «¿Cuál es su problema?» que duró del 1967 a la mitad de los años 90. La única razón por la que se esta información es que busqué citas sobre el perdón para escribir esta reflexión... y la cita de Meltzer me llamó la atención. Él dijo:«cuando se perdona, no podemos cambiar el pasado de ninguna manera, pero de seguro podremos cambiar el futuro».


José y su derecho al enojo

Si hay una historia en la Biblia que refleja estas palabras es la historia de José. Espero que recuerdes la historia. José es uno de los hijos pequeños de Jacob. Tiene diez hermanos. Es el favorito de su padre. Es un soñador, que parece tener sueños de grandeza que no son muy bien recibidos por sus hermanos. Lo odian porque es el favorito de Jacob. Lo odian porque piensan que él cree que es más importante que ellos. Lo odian porque es un chismoso. Su odio es tan intenso que piensan en matarlo. Sin embargo, deciden venderlo como esclavo. Por eso, José termina en Egipto... o ¿será esa la verdadera razón?


José sufre en su esclavitud. Es metido en la cárcel. Sin embargo, Dios está siempre con José y provee un futuro para él. Él descifra los sueños del Faraón y es nombrado a una posición poderosa en el gobierno egipcio.


En medio de todo este poder... no es difícil imaginar cuántas veces la mente de José recuerda el momento en donde sus hermanos lo traicionaron, el momento en donde destruyeron la vida que conocía y el futuro que él pensaba que sería suyo. José tenía todo el derecho a estar enojado. Podía sentir odio justificado en su corazón. Sus hermanos lo había odiado, lo había vendido para ser esclavo, lo había separado de su amado padre. La venganza hubiese sido un desarrollo natural en esta novela.


Por eso, cuando comienza la hambruna que José había predicho en los sueños de Faraón, se presenta la oportunidad para que José decida el futuro de su familia. En la novela, hemos llegado a la parte más importante de la historia, el momento en que el protagonista logra o no logra sus metas.


Podemos pensar en las metas de José, especialmente si él viviera durante estos tiempos en donde se da tanta importancia a que venza el más fuerte. ¿sería una meta el humillar a sus hermanos?

¿El ganar a toda costa? La Biblia nos comunica cual es su meta y esta es totalmente diferente a lo que podemos imaginar. Su meta es cumplir con la voluntad de Dios de reconciliar y cambiar el futuro de su familia.


El perdón puede llevarnos a reconocer el propósito de Dios

José escoge perdonar. Este pasaje ha sido llamado la escena escritural más efectiva sobre el perdón y la reconciliación en toda la Escritura. Por eso, hay varias lecciones que podemos aprender sobre ella, sobre el poder del perdón.


Primero, el perdón te puede llevar a reconocer la voluntad de Dios. La amargura y la venganza te pueden cegar. Pueden nublar tu juicio y puede llevarte a vivir de echar la culpa y de castigar.


José, por el contrario, reconoce que todas las cosas que le han pasado, buenas y malas, han sucedido porque Dios ha estado en control de su vida: «Yo soy José su hermano, el que vendieron para Egipto. Ahora pues, no se entristezcan ni les pese el haberme vendido acá, porque para preservación de vida me ha enviado Dios delante de ustedes. Ya han transcurrido dos años de hambre en medio de la tierra, y todavía quedan cinco años en que no habrá ni siembra ni siega. Pero Dios me ha enviado delante de ustedes para preservarles posteridad en la tierra, y para darles vida mediante una gran liberación. Así que no me enviaron ustedes acá, sino Dios…».


No han sido ustedes quienes me han enviado, sino Dios. Cuando hay perdón, tus ojos se abren al movimiento de Dios en tu vida. La amargura puede ser reemplazada por un entendimiento claro de inclusión... y quizás de gratitud por las lecciones que han sido recibidas. José reconoce que Dios le ha guiado a un lugar en donde él tiene la oportunidad de salvar a su amado padre y a su familia... y el actúa en gratitud, proveyendo salvación y vida.


El perdón puede llevar a la reconciliación

La segunda lección que da este pasaje es que el perdón lleva a la reconciliación. El deseo de José de perdonar hace que sea real la posibilidad de reestablecer una relación con sus hermanos y con su familia.


Stephen L. Cook comparte una historia sobre Cesareo, un conocido obispo de la iglesia primitiva. Él enfatiza el poderoso efecto reconciliatorio que produce la disponibilidad emocional de José, cuando dice que las lágrimas de José proveen un bálsamo de sanidad y armonía. Él dice que José besa tiernamente a cada uno de sus hermanos y llora individualmente sobre cada uno de ellos. Al mojar los cuellos de sus asustados hermanos con sus lágrimas, sus refrescantes lágrimas limpian toda mancha de odio de sus vidas.


En este momento, la disponibilidad de José, su fragilidad y transparencia, derrite los miedos y las preocupaciones de sus hermanos cuando ellos lo reconocen.


Pensamos que quizás esto es fácil, pero al recordar la humanidad de José y lo difícil que en ocasiones se nos hace perdonar, entonces podemos reconocer lo difícil que es para él hacer esto. Nadie quiere parecer débil. Todas las personas quieren ser los heroes de nuestras propias historias. Es cierto que José asusta un poco a sus hermanos... pero decide tomar otro camino. No permite que sus deseos de venganza se apoderen de él. Y prefiere no vivir de los reproches y no decirles hasta del mal que iban a morir.


Él llora a lágrima viva... y esas lágrimas limpian el odio que existe en esta relación y la llevan a la reconciliación.


El perdón puede cambiar el futuro

La tercera y última lección que podemos aprender sobre perdonar... es que realmente puede cambiar el futuro. Imagina que José no hubiese actuado de la manera en que lo hizo. Hubiese afectado el futuro de Israel. Un desvío del plan divino hubiese cambiado quizás hasta nuestro propio futuro. La historia de perdón de José tiene tanto impacto, que hace eco en la historia de otro José que también es un soñador... que también encuentra salvación para él y para su familia en Egipto... y que es parte importante de la vida de Jesús.


El perdón puede cambiar el futuro. Lo he visto una y otra vez. El perdón sana relaciones. El perdón da semillas de respeto. El perdón es el primer paso para nuevos sueños y proyectos. El perdón da paso a nuevas posibilidades. Tengo amistades que en algún momento no lo fueron. Tengo paz en donde antes había preocupación. Ya no me tengo que velar las espaldas. El perdón nos permite vivir sin tener que lamentarnos... y podemos vivir con la certeza de que Dios tiene nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro en sus manos.


La seguridad del perdón

Por eso, mi invitación a ti es que aprendas estas lecciones. No te dejes consumir por el odio. No pienses en la venganza. No dejes que las semillas de la amargura te llenen de espinas. Si permites que esto suceda... vivirás en la oscuridad y en la soledad. Hará que no sepas si estás luchando en contra de enemigos o de amigos. Te dejará en un estado de guerra... aunque tengas miles de oportunidades de vivir en paz. El resentimiento te dejará sin camino.


Recuerda... el perdón puede dejarte ver lo que Dios está haciendo en tu vida. El perdón abre la puerta a la reconciliación... y puede cambiar tu futuro. José deja su poder a un lado para encontrarse con sus hermanos. Él deja el pasado atrás y comparte una nueva visión de lo que Dios ha hecho en sus vidas. Dios le guía a hacer esto... y el impacto que los celos y el odio han tenido en las vidas de su familia es borrado quizás para siempre.


Esta semana vi una película en donde uno de los personajes está constantemente defendiéndose. No confía en nadie y considera que el abrirse a la posibilidad de una verdadera relación es una manifestación de debilidad. Su padre, que es un entrenador de boxeo, tiene una conversación con ella que se quedó en mi mente. Le dice... tienes que bajar los puños, porque si no los bajas, no vas a poder ver las cosas hermosas que están frente a tus narices.


Me parece que vivimos en un mundo en donde tenemos la tentación constante de tener los puños arriba. Sin embargo, si hay algo que puedes aprender de la historia de José, es que necesitamos dejar que Dios baje nuestros puños, para darnos la oportunidad de poder ver la posibilidad de perdonar, de buscar reconciliación, de amar y de ser vivir vidas libres de odio, amargura y resentimiento. Solo así... podrás cambiar tu futuro y vivir en el futuro que Dios quiere para tu vida.

 
 
 
  • Writer: Marissa Galván
    Marissa Galván
  • Mar 31, 2019
  • 4 min read

Updated: Apr 2, 2019


El silencio del invierno

Desde que vivo aquí en los Estados Unidos, me asombran los cambios de estaciones. En Puerto Rico, en donde nací, las estaciones usualmente son más o menos lluvia. Sin embargo, me parece un milagro ver como durante el invierno, los árboles dejar de crecer, no hay que cortar la hierba y la naturaleza parece caer en un estado de silencio.


Jack London, un escritor famoso cuyas historias usualmente se desarrollan en el Yukon describe el silencio del invierno en una historia llamada El silencio blanco.


«La naturaleza tiene muchas artimañas para convencer al hombre de su finitud -el incesante fluir de las mareas, la furia de la tormenta, la sacudida del terremoto, el largo retumbar de la artillería del cielo-, pero la más tremenda, la más sorprendente de todas es la fase pasiva del silencio blanco. Cesa todo movimiento, el aire se despeja, los cielos se vuelven de latón; el más pequeño susurro parece un sacrilegio, y el hombre se torna tímido, asustado del sonido de su propia voz».

El silencio blanco nos convence de nuestra finitud. Nada se mueve. Todo el crecimiento para. Todo se detiene, hasta que la primavera comienza a romper el silencio. Los narcisos comienzan a salir de la tierra con sus amarillos y verdes. Las flores de los árboles comienzan su alabanza de colores. No hay nadie que pueda negar que esto está sucediendo. El silencio está acabando... y parece ser sustituido con una celebración de vida, con una canción de júbilo... y con una invitación a pasar la cortadora.



Mientras callé

Se dice que el Salmo 32 es un salmo de acción de gracias individual que celebra el perdón de los pecados y la renovación espiritual. El salmo comienza con estas palabras. «Bienaventurado o verdaderamente feliz aquel cuya transgresión ha sido perdonada y ha sido cubierto su pecado».


Sin embargo, dentro de esta celebración hay una advertencia que viene cuando el salmista describe lo que sucede cuando un ser humano cae dentro de los efectos espirituales y psicológicos de no reconocer su pecado. El salmista proclama «mientras callé se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día».


El silencio, el esconderse, el no reconocer las cosas que nos separan de Dios y de otras personas, la culpabilidad, el sentimiento de que algo no está bien en nuestra relación con Dios y con otras personas... estas cosas son cargas reales y pesadas para nuestras vidas. Nuestros huesos envejecen. Nos pasamos de gemido en gemido. No podemos concentrarnos. El estrés se apodera de nuestras vidas. Dejamos de crecer. Nos vence el miedo. Dejamos que el silencio nos consuma de tal manera que sentimos que no merecemos el amor de Dios... o cualquier otro tipo de amor.



La confesión del hijo pródigo

El pasaje del evangelio para el cuarto domingo de Cuaresma nos da un buen ejemplo de cómo el silencio nos aísla. Es la parábola del hijo pródigo. Cuando este hijo, el más joven en su casa, gasta todo el dinero que le ha pedido su padre, da la casualidad que comienza una hambruna en el lugar donde está. Él no encuentra que comer y no tiene dinero para poder vivir. Con todo y eso, su primer instinto no es dejarle saber a su familia lo que está pasando. Prefiere trabajar con cerdos que reconocer que necesita arreglar las cosas con su padre. Trata de ser valiente y se mantiene en silencio... pero su vida va tan mal que envidia la comida que le está dando a los cerdos. Es en ese momento que el evangelio nos dice que el joven «vuelve en sí». De repente surge un despertar en su ser y se da cuenta de que tiene que romper el silencio y admitir el mal que ha hecho: «me levantaré, iré a mi padre y le diré: "Padre, he pecado contra el cielo y ante ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo"». Necesita arreglar las cosas... así que vuelve a casa, arrepentido por lo que ha hecho.



El perdón del padre está garantizado. El padre corre hacia el hijo y lo abraza, casi sin dejarle hablar.



El silencio después de la confesión comunitaria

Todos los domingos recibimos una invitación a arreglar nuestra relación con Dios... esa invitación viene en medio de un silencio. Después de hacer la confesión comunitaria, la pastora se para y nos invita a confesar nuestros pecados a Dios. Ya hemos confesado comunitariamente y quizás las palabras de la confesión nos han recordado qué cosas en nuestras vidas no están bien. Pero lo que sigue es un silencio incómodo. Un silencio que debe ser llenado con palabras de arrepentimiento, perdón y paz. Un silencio que Dios quebranta con palabras de gracia y de perdón. Sin embargo, en ocasiones el silencio permanece. Permanece lleno de frío, de miedo, de ceguera. Ha veces nuestras mentes están llenas de pensamientos sobre cuándo acabará el silencio, sobre cuándo la pastora se parará a hablar. Y la posibilidad de la primavera nunca llega. Y las flores de gracia no florecen... y no volvemos en sí y nuestros huesos siguen envejeciendo.



Voy a confesar

Sin embargo, vemos como el salmista, dentro de su silencio, tiene una transformación. Cuando admite su pecado ante Dios, cuando no esconde su culpa, entonces abre su corazón y recibe perdón y gracia.


Cuando el hijo pródigo está de camino a la casa de su padre... su padre está pendiente de su llegada, aún si él saberlo. Cuando ve a su hijo a la distancia, no necesita escuchar el discurso que probablemente el hijo se ha estado repitiendo una y otra vez de camino a casa. El perdón del padre está garantizado. El padre corre hacia el hijo y lo abraza, casi sin dejarle hablar.


Dios remueve la culpa. Dios perdona el pecado. Y este perdón nos restaura... restaura nuestras relaciones, restaura el crecimiento, restaura la paz y restaura el gozo.


Del silencio, nuestras vidas pueden ser transformadas en gozo. El salmista termina su salmo con estas palabras: «Oh justos, alégrense en el SEÑOR y gócense; canten con júbilo todos los rectos de corazón».


Hay una verdadera invitación en este salmo. Abran sus ojos. No se queden en el silencio. ¡Vuelvan en sí! Reconozcan que el pecado les separa de Dios y de otras personas. Arrepiéntanse. Pidan perdón. Corrijan sus relaciones con Dios y con las personas a las que necesiten pedir perdón. Arreglen sus vida... y podrán florecer... podrán vivir en la primavera de la gracia... y podrán cantar con júbilo.


Los narcisos comienzan a salir de la tierra con sus amarillos y verdes. Dios nos da la gracia para florecer.

 
 
 

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