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  • Marissa Galván

No creo en la iglesia

Hace unas semanas atrás estaba en la oficina de un abogado, teniendo una conversación con un familiar. Mi primo, a quien amo entrañablemente, me reta en mi fe, porque es de los que dicen que no cree ni en la luz eléctrica. Mientras conversábamos, la secretaria del abogado nos oyó hablando de temas de creencias y fe y se metió en la conversación como quien no quiere la cosa. Ella no estaba de acuerdo con mi primo. Su posición teológica es que todo el mundo cree en algo, aunque no sea en Dios. Al enterarse de mi posición, nos contó una historia interesante sobre su experiencia en la iglesia.


Ella nos dijo que se había casado con un hombre cristiano que la invitó a ir a la iglesia. Ella asistió, más por él que por otra cosa, pero con su conocimiento de trabajadora social (la profesión que estudió en la universidad) se dio cuenta de que una mujer en la congregación estaba pasando por una situación de violencia doméstica y decidió hablar con la pastora de la iglesia para ofrecerle sus servicios para atender la situación. La pastora la escuchó, y procedió a comentarle que ella no podía servir en esa capacidad porque no daba el diezmo en la iglesia. Después de esa experiencia, ella dejo de asistir a la iglesia y no ha vuelto más. Mi conclusión es que ella dejó de creer en algo... en la iglesia.


¿Una historia de conversión?

Es posible que estén leyendo esta historia y hayan reaccionado como yo… «Jamás y nunca yo diría tal cosa. Nuestra iglesia no es así». Sin embargo, esta historia nos invita a reflexionar sobre el encuentro de Pablo con Jesús en camino a Damasco y sobre las escamas que tiene el ser humano sobre los ojos que no le permiten ver los momentos de acción de gracia de Dios.


El Saulo/Pablo bíblico es descrito como alguien con problemas de manejo de ira que «amenazaba con matar a todos los seguidores del Señor Jesús». Estaba tan furioso este Saulo/Pablo, que pidió un permiso especial para ir a la ciudad de Damasco a sacar a todas las personas que seguían a Jesús de las sinagogas para llevarlas presas a la cárcel de Jerusalén.


Esta es una historia conocida por mucha gente como la conversión de Pablo. Saulo/Pablo va de camino a Damasco y Jesús lo enfrenta. Saulo/Pablo queda ciego por tres días, lo llevan a Damasco, allí se encuentra con Ananías que ora por él, de sus ojos caen escamas como de pescado, Pablo puede ver nuevamente y se convierte en seguidor de Jesús y en uno de los apóstoles más importante. Fin.


Sin embargo, me gustaría proponerles que esta es una historia que tiene algo que decir más allá de la conversión de Pablo y que nos reta a mirar las escamas de nuestros ojos para saber qué debemos hacer para recobrar nuestro entendimiento de cómo ser personas cristianas e iglesia que sigue verdaderamente al Jesús resucitado.


Una nueva manera de entender

Raj Nadella, que es profesor de Nuevo Testamento en el Seminario Teológico de Columbia presenta esta historia como una en donde Saulo/Pablo no es el inconverso que necesita ser convertido para que acepte a Jesús como su salvador personal.


Saulo y Ananías creen, después de todo, en el mismo Dios. En ese momento no hay dos religiones (la judía y la cristiana), sino que se enfrentan aquí dos entendimientos teológicos diferentes de una misma rama religiosa. Saulo no cree que Jesús sea un verdadero profeta de la religión judía. De hecho, sus creencias son tan afectadas por el mensaje de quienes siguen a Jesús, que quiere eliminar a esta mala influencia de su religión.


Nadella dice en su comentario al pasaje que tener diferencias teológicas no es el problema. El problema es que Saulo/Pablo no es capaz de ir más allá de esas diferencias para relacionarse con las personas del supuesto otro bando. Saulo/Pablo no puede aceptar a estas personas como seres humanos y lo que hace la voz de Jesús es retarle a ver a estas personas con un nuevo entendimiento… a verlas como seres humanos que merecen su respeto y su amor.


Antes de ese momento de encuentro, Saulo/Pablo está seguro de quién es Jesús: un falso maestro que está causando problemas e intenta insistir, de todas las maneras posibles, en que las demás personas vean a Cristo de la misma manera que él. Así que, cuando después de tres días las escamas caen de sus ojos, Pablo/Saulo no solamente recobra la visión física, sino que deja de ver a la gente que seguía a Jesús como enemigas. Él aprende a verlas como gente que merecen aceptación, que merecen ser escuchadas y recibidas, a pesar de las diferencias teológicas e ideológicas que pudieran tener.


Sin embargo, aunque Nadella sólo se concentra en Saulo, yo deseo añadir a otra persona a la que también se le cayeron las escamas de los ojos.


Ananías y sus escamas

Aunque no se nos dice que Ananías tenía escamas en los ojos, podemos ver que también podríamos pensar en su caso en esos términos.


Cuando Pablo llega a Damasco, Jesús se comunica a través de una visión con él. Le llama dos veces como lo hace con Saulo/Pablo, le pide que se levante y que vaya a donde está Pablo. Le dice que Pablo ya sabe que él va a venir.


Sin embargo, Ananías conoce a Saulo/Pablo… y no está muy de acuerdo con lo que Jesús le está pidiendo: «Señor, me han contado que en Jerusalén este hombre ha hecho muchas cosas terribles contra tus seguidores. ¡Hasta el jefe de los sacerdotes le ha dado permiso para que atrape aquí, en Damasco, a todos los que te adoran!».


Ananías también tiene escamas en los ojos. Ananías tampoco puede ver más allá de las diferencias ideológicas y teológicas. Ananías no piensa que este hombre merezca calidad de vida. Prefiere que quede ciego, porque le ve y le entiende como un enemigo que hay que inhabilitar.


Sin embargo, Jesús insiste: «Ve, porque yo he elegido a ese hombre para que me sirva. Él hablará de mí ante reyes y gente que no me conoce, y ante el pueblo de Israel. Yo le voy a mostrar lo mucho que va a sufrir por mí». Y aunque Ananías no está ciego por tres días, la insistencia de Jesús hace que sus dudas e incertidumbres se silencien un poco, las escamas caigan de sus ojos y va y ora por este hombre al cuál Jesús ha escogido.


¿Cómo se caen las escamas de los ojos?

Raj Nadella comenta que la gran lección de esta historia es que no es una enseñanza teológica o doctrinal, sino que nos enseña las profundas maneras en las que las personas pueden ser transformadas cuando reconocen el dolor y el daño de tratar de obligar o forzar a otras personas a ver el mundo como ellas lo hacen.


La pastora que le dijo a la secretaria del abogado que no la podía dejar ayudar a esta mujer en una situación de violencia doméstica porque ella (la trabajadora social) no pagaba los diezmos en su iglesia actuó con escamas en los ojos.


Las iglesias que proclaman que sus puertas están abiertas y que sin embargo tienen una lista de condiciones para poder entrar, desde cómo vestirse hasta el estado marital de la persona, desde si la persona tiene algún problema de salud mental, o una incapacidad que hace que tenga que pensar en inclusión, tienen escamas en los ojos.


La persona cristiana que cree en la gracia de Dios, pero que no entiende que esa gracia puede incluir a la gente que ella no acepta o tolera, tiene escamas en sus ojos.


¿Cómo se pueden caer realmente las escamas de los ojos? Aprendiendo de la gran lección de la historia bíblica: reconociendo el dolor y el daño de forzar a otras personas a ver el mundo como lo hacemos, y después de que esa Cristofanía nos transforme, trabajando para lograr que nuestra visión de la gracia se parezca a la de Jesús:


Una gracia que llamó a un hombre que era enemigo de quienes le seguían.


Una gracia que llamó a un hombre que tenía dudas sobre la tarea que Jesús quería que realizara.


Una gracia que sigue llamando a mujeres, a gente con diferentes capacidades, a gente que sufre de ansiedad, a gente que necesita ir al psicólogo, a gente con una manera de amar diferente a la nuestra, a gente con problemas alimentarios, a gente con una teología o ideología política diversa, a gente con diversidad funcional, a gente de todos los colores creados por Dios y a gente como Pablo y Ananías.


Sólo de esa manera caerán las escamas de nuestros ojos. Y no dudes que Jesús te saldrá al encuentro con esa gracia incondicional e infinita. Él no se da por vencido. Te llama una, dos, tres, cuatro veces. Saldrá a tu encuentro, aunque sientas furia. Saldrá a tu encuentro, aunque tengas dudas. Saldrá a tu encuentro, aunque no puedas entender su gracia. Y él quitará las escamas de nuestros ojos, una y otra vez.



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  • Marissa Galván

Us Again

El viernes, estaba viendo una película corta de Disney llamada «Us again». Ésta presenta un mundo en donde todo el mundo vive la vida bailando... excepto un hombre mayor que solamente quiere estar en su sillón mirando la televisión. Su pareja, que tiene la misma edad, quiere salir a bailar y trata de invitarlo a que salga. Pero él no quiere. Ella, triste, sale sola y él, después de notar su tristeza mira desde el balcón de su apartamento, buscándola entre la multitud de la gran ciudad. De repente, comienza a llover y sucede algo milagroso... él vuelve a ser joven... y encuentra una razón para bailar nuevamente.




Muerte y resurrección

La película, que fue estrenada en el 2021, parece ser perfecta para los tiempos en que estamos viviendo. Es una invitación a mirar hacia atrás y a seguir adelante, sabiendo que aun cuando el tiempo pasa, aun cuando confrontamos momentos en nuestras vidas que son doloroso... o aun cuando nuestro cuerpo está adolorido... siempre hay una invitación abierta a encontrar el gozo que hay en la vida.


La película me recordó el versículo 16 de 2 Corintios 4, «Por lo tanto, no nos desanimamos. Y aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando de día en día». Al Pablo hablar a la iglesia en Corinto, él le recuerda las implicaciones de seguir al Maestro que, aunque es divino, tiene que pasar por todos los sufrimientos que cualquier ser humano puede enfrentar: no tener una casa, depender de la bondad de personas desconocidas, vivir con el rechazo de las autoridades que le miraban con desconfianza y desprecio, ser acusado y condenado siendo inocente y ser sentenciado a morir en una cruz.


Pablo expresa esto porque es importante que las personas que están teniendo dudas sobre su ministerio lo escuchen. Esas personas dudan, precisamente por lo difícil que le resulta a Pablo hacer su trabajo. Había personas de la iglesia que estaban diciendo que la persecución y el sufrimiento eran señal de fracaso. Pablo está tratando de explicar que es todo lo contrario. Como dice Jennifer V. Pietz, el sufrimiento de Pablo demuestra que él encarna la predicación del evangelio de Aquel que murió para liberar a la gente del pecado y de la muerte, una victoria que es realizada al Dios resucitar a Jesús de la muerte.


Para Pietz, Pablo está tratando de demostrar que toda la vida cristiana envuelve una muerte y resurrección continua en conformidad con el Cristo crucificado y resucitado. En la vida cristiana, la muerte y la resurrección están conectadas como el lamento y la esperanza, y como la gracia y la gratitud, no como términos dualistas o como dos extremos, sino como un proceso de continuidad, en donde la vida está hecha de momentos muerte y resurrección, de momentos de lamento y esperanza, y momentos de gracia y gratitud. Como Cynthia Briggs Kittredge explica, este proceso de vida o de preparación se da en la tensión entre lo externo y lo interno, entre lo presente y lo futuro, entre lo que se ve y lo que no se ve.


Dios de la muerte y la resurrección

El problema es que los seres humanos tenemos problemas en entender esta dinámica. Cuando enfrentamos muerte, se nos hace difícil ver la resurrección. Cuando experimentamos resurrección, caemos al suelo cuando la muerte se aparece. Cuando hay sufrimiento, se nos hace difícil creer en el gozo. Y cuando hay gozo, tratamos de evitar el sufrir, sin entender que siempre está presente y que no es una señal de pecaminosidad, o de que nos han lanzado una maldición... porque es la misma vida a la que se enfrentó el Maestro al que seguimos.


Pablo declara que «aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando de día en día». Tengo 53 años... y sé que entre más pasa el tiempo, las posibilidades de morir van aumentando. Pero mi esperanza en esta vida y algo con lo que estoy trabajando es crecer en mi habilidad de restablecer el gozo, restablecer la esperanza y restablecer la gratitud. Y esa habilidad no viene necesariamente de cosas que son efímeras, fugaces o finitas. Viene de cosas que son eternas. ¿Qué significa esto? Que estoy dependiendo no de mi propia fuera, de mi propio cuerpo, o de mis propios recursos, sino que estoy anclada en aquel que murió y resucitó... y también en la familia que dejo aquí, su iglesia. No estoy sola en mi sufrimiento. No estoy sola en mi dolor. El sufrimiento y el dolor no son signos de que Dios me ha abandonado. Aquel que le ha hecho frente al dolor y a la muerte también puede hacer revivir el gozo y la esperanza.


Vamos a danzar

El final de la película que mencioné anteriormente me sorprendió. La lluvia vuelve joven a la pareja anciana. Comienzan a bailar... pero como siempre sucede, la lluvia se mueve y termina. Las nubes se las lleva el viento. El hombre se da cuenta de que cuando la lluvia deja de tocarlo, él vuelve a envejecer. Él comienza a perseguir la lluvia, agarrando a su amada por la mano. Corre y corre hasta llegar a un muelle. Corre tanto que suelta la mano de su amada y la deja atrás... pero inevitablemente, la lluvia continúa su marcha hacia el océano y el vuelve a la realidad de su vejez.


Triste, vuelve a su paso lento y a sus achaques. De repente mira hacia donde comienza el muelle y ve que su amada está sentada en un banco, mirando hacia el suelo. Camina lentamente hacia ella y se sienta a su lado. Luego, mira hacia la costa y ve que hay un carnaval que ni había notado. Todo el mundo en el carnaval está bailando. Él camina un poco... y al ver todo el baile que le rodea, mira nuevamente a su amada... y la invita a bailar.


Hay muchas cosas que hemos perdido durante este tiempo. Hemos perdido vidas, relaciones, trabajos, salud, confianza y paz... muchas... muchas cosas. Sin embargo, al recordar todo el sufrimiento y la muerte... también Dios nos llama a recordar el gozo y la resurrección, porque la vida está hecha de todas estas cosas.


Dios nos llama a recordar, porque, como Pablo dijo, «bien sabemos que, si se deshace nuestra casa terrenal, es decir, esta tienda que es nuestro cuerpo, en los cielos tenemos de Dios un edificio, una casa eterna, la cual no fue hecha por manos humanas». Recordemos entonces, que Dios nos invita al gozo y a la esperanza... haciendo memoria que a quien seguimos, es el Señor de la danza, como dice el viejo himno.


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  • Marissa Galván

Estaba leyendo un artículo recientemente sobre como en el 1973 un ingeniero de la NASA llamado Jack Nilles escribió un libro que presentaba la posibilidad de que se trabajara de forma remota como una manera de remediar los problemas de embotellamiento de tránsito. El artículo también hablaba sobre las pocas ventas que había tenido el libro. Es probable que en ese momento esta idea no fuera muy popular y hasta que sonara un poco radical. En esos momentos no había computadoras personales. No había Internet ni tampoco muchos de los avances tecnológicos que tenemos ahora.


Es posible que por eso, la idea de Jack Nilles no fuera tomada en serio hasta el mes de marzo del año pasado, en donde miles de personas y compañías no tuvieron otra opción que adaptarse y permitir el trabajo remoto desde los hogares por causa de la pandemia.


Ahora la idea no suena tan descabellada porque, al descubrir que es posible, muchas compañias se están preguntando si deben mantener el trabajo remoto. De hecho, la agencia de la Iglesia Presbiteriana para la cual trabajo le hizo la pregunta a sus empleados y empleadas sobre si querían seguir trabajando desde casa. La respuesta de más de la mitad de las personas fue que trabajarían desde su casa a tiempo completo.


Es irónico que ahora una idea considerada radical en 1973, se ha convertido en una realidad por algo externo que hizo que las personas imaginaran que otra realidad era posible.


La propuesta radical de Jesús

Lucas 24,36b-48, que es parte del ciclo pascual nos invita a entrar en una habitación cerrada en donde los discípulos y discípulas se han estado escondiendo desde la muerte de Jesús. Este grupo ha escuchado por medio de las mujeres que la tumba está vacía. También ha escuchado el testimonio de dos discípulos que reconocen a Jesús cuando van de camino a Emaús. Sin embargo, como quiera el grupo anda escondido es una habitación, sintiendo miedo ante lo que pueda suceder.


Nos dice la Escritura que en medio de la habitación «Jesús se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz sea con ustedes!" Ellos se espantaron y se atemorizaron, pues creían estar viendo un espíritu».


Stephen A. Cooper, en su comentario al pasaje dice que la visita de Jesús tienen una doble agenda: explicar a sus discípulos y discípulas sobre Cristo y comisionarles para predicar el evangelio.


Por eso, Jesús comienza a explicarles las cosas paso por paso. Él se asegura de que sepan que es realmente él cuando les invita a tocar y a examinar. Se asegura de que sepan que no es un fantasma o espíritu cuando pide algo de comer. También se asegura de que recuerden las palabras que él les ha dicho: «Estas son las palabras que les hablé estando aún con ustedes: que era necesario que se cumplieran todas estas cosas que están escritas de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos».


Sin embargo, me parece que en ese momento Jesús mira las caras de los discípulos y discípulas y se da cuenta de que todavía la confusión y el miedo les ahogan. Después de todas estas explicaciones, después de verle cara a cara, después del testimonio de las mujeres y de los discípulos de camino a Emaús, después de recordarles que su resurrección es el cumplimiento de todas las enseñanzas que han aprendido desde su niñez... todavía ellas y ellos no pueden comprender o aceptar lo que estaba frente a sus ojos. Es posible que su miedo todavía estuviese venciendo a su esperanza.


Y es posible también que como ha pasado tanto tiempo, y cómo conocemos la historia tan bien y aceptamos todo lo que nos dice la Escritura, no entendamos que lo que Jesús le esta pidiendo a los discípulos y discípulas que entiendan es una idea radical: les está pidiendo que crean en la resurrección, en que alguien se ha levantado de la muerte, en que un hombre mortal puede desafiar a la muerte... y esto es solamente hablando del aspecto físico de la idea. Si hablamos del aspecto teológico de la idea, estamos declarando, en contra de toda lógica que la muerte no es la palabra final. y en que han visto el cumplimiento de la promesa del Mesías que ha conquistado la muerte por su bien.


Es posible que el que un hombre resucite nos maraville. Pero esta propuesta o idea radical tiene connotaciones más profundas que lo que los discípulos y discípulas... y quizás nosotres podemos entender. Por eso, Dios da un paso extra: Jesús les abre el entendimiento a los discípulos y discípulas para que comprendan las Escrituras.


Solo por medio de esta acción de Jesús es que los discípulos y discípulas quedan libres de los malos entendidos, libres de sus miedos y entonces pueden recibir la comisión a dar testimonio. Sólo en ese momento ellos y ellas pueden aceptar esta idea radical y dejar que entre en sus corazones para recibir la transformación que les permite predicar el evangelio.


Otra propuesta radical

Nancy R. Blakely, en sus comentarios sobre este pasaje dice que necesitamos otra apertura de nuestro entendimiento en el día de hoy que nos libere de nuestros miedos. Necesitamos una transformación que nos permita entender totalmente el tema, propuesta o idea radical que Jesús propone: que la muerte no es la palabra final.


Luego, ella afirma que este tema es problemático en un momento de la vida en que la seguridad nacional nos preocupa tanto. Ella hace una pregunta interesante: ¿Es posible que nuestros intentos de mantenernos seguros y seguras puedan estar trabajando en contra de la paz que necesita el mundo? Blakely afirma que es cierto que el escondernos detrás de puertas cerradas pueda ayudarnos a sentir más seguridad, pero que esto no hace que dejemos la desconfianza y el temor atrás.


Sus palabras y las palabras de Jessica Vazquez Torres me recuerdan otra propuesta que ha sido llamada una «idea radical».


Vazquez Torres compartió en un taller sobre anti-racismo que la primera vez que ella escucho la idea de «definanciar a la policía» ella pensó que eso no era una posibilidad. Es posible que tú pienses lo mismo. Sin embargo, ella siguió dándole pensamiento y compartió su reflexión en el taller. Básicamente se cuestionó el por qué la gente no puede plantear una idea radical que pide cambiar una policía militarizada que no quiere rendir cuentas a la comunidad, que no quiere ser juzgada por sus acciones, y cuyos actos están impactando de manera desproporcionada a las comunidades de color. ¿Cómo es esto el tipo de ejercicio policial que queremos para cualquier persona en nuestra comunidad?


Así que para ella, este llamado a cambiar la manera en que financiamos a la policía, a usar parte del dinero que se usa para comprar más equipos, más armas usadas por el ejercito y otras cosas por el estilo son vislumbres de proyectos de descolonización que existen en todos los Estados Unidos, dirigidos por comunidades de color, empujados por comunidades de color, y empujando a la gente blanca a tener una imaginación más amplia y radical. Algunos de estos proyectos están empujando a la sociedad a abrir su entendimiento.


En otro artículo, Keeanga-Yamahtta Taylor nos recuerda que durante años muchos grupos y activistas han ido a alcaldías y senados estatales demandando que haya más trabajo y no más carceles, cuidado y no más policias, y libros y no tantas celdas, pidiendo a la oficialidad de las ciudades y los estados que dejen de aumentar los presupuestos para la policía y las cárceles. Sin embargo, las personas que hacen las leyes han ignorado estos pedidos y el presupuesto de la policía se ha triplicado en los últimos 40 años, ayudando a los Estados Unidos a ser uno de los líderes mundiales en encarcelamientos y muertes a mano de la policía.


Sin embargo, seguimos funcionando bajo palabras que definen la locura y la insensatez. «La locura es hacer lo mismo una y otra vez, esperando resultados diferentes».


En las últimas dos semanas... vimos la muerte de Daunte Wright, asesinado por una mujer policía. También vimos la muerte de Adam Toledo, un adolescente de 13 años en Chicago. En esta misma semana, por fin vimos a un policía rindiendo cuentas por abusar de su poder al asesinar a George Floyd, poniendo su rodilla sobre su cuello innecesariamente durante nueve minutos y veintinueve segundos. Sin embargo, esto fue una excepción a la regla, que ha visto como algunos policías han sido declarados inocentes o no han sido enjuiciados por abusos de poder que terminan en la muerte de una persona, que usualmente es un hombre negro. Esto para mi es una locura. La obsesión de este país con las armas de fuego y con la violencia es una locura. La terquedad de no cambiar un sistema y un proceso que no están funcionando es una locura. Y le pido a Dios que abra nuestros entendimientos, para que podamos abrir nuestros corazones a nuevas ideas, a ideas radicales que pongan un alto a toda esta muerte y que declaren de una vez y para siempre que «la muerte no tiene la última palabra». La muerte no tuvo que ser la última palabra para George Floyd... para un hombre negro de veinte años... o para un adolescente latino de 13 años de edad.


Posibilidades radicales

En otro artículo, Sam Levin habla de Austin, Texas, irónicamente el mismo lugar en donde recientemente fueron asesinadas tres personas. Él dice que la ciudad decidió cortar 20 millones de dólares del presupuesto del departamento de la policía y que movió 80 millones de dólares de la agencia, moviendo ciertos servicios fuera de los cuerpos policiales. La ciudad ha pasado de gastar el 40 por ciento de su fondo general de 1.1 mil millones en la policía a distribuir el 26 por ciento a los cuerpos policiales.


¿En dónde se están usando estos fondos? En servicios médicos de emergencia para COVID-19. En doctores/as para la comunidad. En personal de primeros auxilios especializados en salud mental. En servicios para personas sin hogar. En programas de abuso de sustancias. En programas para que las personas tengan acceso a alimentos. En programas de desarrollo para conseguir trabajo. En servicios para mujeres que deseen acceso a control de natalidad. En programas para apoyar a víctimas. En parques.


El concilio de la ciudad también está usando el dinero que está ahorrando del presupuesto de la policía para comprar dos hoteles para proveer hogares transitorios a personas sin hogar.


Estoy casi segura de que hay personas que viven en Austin que están alarmadas y temerosas ante estos cambios. También estoy segura de que usarán los asesinatos que sucedieron recientemente para tratar de echar atrás algunas de estas propuestas. Es natural que el ser humano sienta temor ante los cambios. Es natural que queramos protegernos de las cosas que nos asustan y que no podemos entender. Sin embargo, vuelvo a hacerme la pregunta que hizo Blakely: ¿Es posible que nuestros intentos de mantenernos seguros y seguras puedan estar trabajando en contra de la paz que necesita el mundo? ¿Están las puertas cerradas o el gastar más en militarizar a la policía, o permitir que la gente pueda conseguir armas de fuego sin restricciones minimizando nuestros miedos y nuestra desconfianza? Mi mente y mi corazón dicen que no... y espero en Dios que podamos encontrar una nueva manera de hacer las cosas... una manera radical... en donde la muerte no siempre tenga la palabra final. En donde la palabra final sea: VIDA.


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