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  • Marissa Galván

¿Cuál es la mejor parte?

Updated: Jul 23, 2019



Marta... Marta... Dicen por ahí que el pasaje sobre Marta y María presentado en Lucas 10,38-42 es uno de los pasajes que menos le gustan a las mujeres. Quizás es porque Marta y María son presentadas como dos personalidades excluyentes y en conflicto. María es la idealista, Marta es la realista. A María le gusta reflexionar y leer. A Marta le gusta hacer cosas manuales y no tiene tiempo para detenerse a oler las rosas.


Marta en cierto sentido representa el rol tradicional de una mujer que recibe a un visitante en su casa. Usualmente queremos que todo esté perfecto. Limpiamos, lavamos, compramos comida que pensamos le gustará a quien visita. Preparamos la cama, si la persona se va a quedar hasta el próximo día y queremos ser las mejores anfitrionas posibles.


Para las mujeres que se identifican con Marta en este pasaje bíblico, las palabras de Jesús pueden sentirse como un puño en el estómago: «Marta, Marta, estás preocupada y molesta por demasiadas cosas, pero sólo hay algo realmente importante. María ha elegido lo mejor, y nadie se lo puede quitar».


El acercamiento clásico a la predicación de este pasaje no ayuda a evitar este sentimiento. Usualmente se enfatiza que el mensaje de la lectura bíblica es que Jesús le está diciendo a Marta que escuchar sus enseñanzas, que una vida de reflexión y estudio, que el tener una disciplina de meditar en la Palabra de Dios es más importante que vivir preocupada o con muchas distracciones. La gente debe tomar tiempo para leer la Biblia, para orar, para venir a la iglesia y para escuchar música cristiana. Tenemos que tener cuidado con no dejar que la rutina de la vida nos consuma, porque eso nos puede distraer de elegir la mejor parte.


Sin embargo, hay otras maneras de entender esta historia en donde el mensaje de Jesús o lo que Jesús hace, representa otra cosa. Su agenda quizás no es el provocar una competencia entre Marta y María, entre un estilo de vida contemplativo y uno de acción, sino en dar a las mujeres una posición de igualdad dentro de la familia de Dios.


El peligro de las competencias

Karoline Lewis, en su analisis de este pasaje presenta esta posibilidad. Ella se pregunta por qué a través de los siglos, las predicaciones han puesto a estas dos mujeres a competir. ¿Cuál es la agenda de esta exégesis o interpretación presentada tan frecuentemente? Ella dice que la razón es que la sociedad alimenta y depende de la socialización de la mujer hacia la competencia, el juicio y la expectativa.


La competencia debilita la posición de la mujer. La competencia es una distracción que la aleja de reconocer cuáles son las verdaderas razones por las cuales no tiene una posición de igualdad con los hombres. Lewis va más allá. Ella afirma que cuando hacemos que Marta y María compitan, que cuando presentamos sus actividades en competencia, lo que estamos haciendo es debilitar la naturaleza de la persona de Jesús.


Si Jesús favorece a María, él está hablando en contra del servicio y de la misión... y sabemos que Jesús daba importancia a servir. En muchas ocasiones él se presentaba a si mismo como siervo. El sanó a las personas enfermas. Él lavó los pies de los discípulos. Jesús no era alguien que hablara en contra del servicio.


Si Jesús favorece a Marta, entonces está hablando en contra de una vida contemplativa y de oración... y sabemos que las acciones de Jesús decían otra cosa. Él era un hombre de oración. Él era un hombre que estudiaba las Escrituras. Era un hombre al cual le gustaba tener conversaciones sobre las aplicaciones de la ley en su tiempo. El dejar a un lado la oración y el estudio no era una característica de Jesús.


Por eso, Lewis concluye que esta historia bíblica no es sobre quién es mejor o sobre qué es mejor, sino sobre reconocer que aún una mujer puede ser una discípula de Jesús. Una mujer también se puede sentar a los pies de Jesús a aprender.


Miremos nuevamente a Marta. Marta llena los esteriotipos que la sociedad ha impuesto sobre la mujer desde muchos siglos atrás. Ella es quien cocina. Ella es quien limpia. Ciertamente esto es así en nuestro mundo latino. Recuerdo en muchas ocasiones ver a una mujer en las actividades de la iglesia llevándole comida a su esposo e hijos, todos sentados cómodamente esperando a que les traigan el plato de comida y el vaso de agua. El hombre provee dinero y la mujer cuida a la familia. En muchas iglesias sucede lo mismo. El hombre es el pastor que predica desde el púlpito... y las mujeres son quienes preparan el almuerzo que se usa para ganar el dinero que sostiene la misión de la iglesia. Y si miramos nuevamente a María... es posible que los discípulos alrededor de ella estuviesen pensando... ¿por qué no está ayudando a su hermana?


Sin embargo, Jesús parece estar diciéndole a Marta... «tú y María pueden ser discípulas mías también. No te preocupes. Suelta los calderos y siéntate al lado de tu hermana. Ustedes dos tienen derecho a aprender. Tienen el mismo derecho que cualquiera de mis discípulos de aprender y de compartir lo que han aprendido».


Lewis nos dice que esta historia nos lleva hacia lo que es posible... nos lleva a lo que Dios quiere que sea posible.


Lo que Dios quiere que sea posible

Me encanta esta interpretación porque, además de que soy una mujer trabajando como pastora, esta interpretación me habla de quién es Jesús. Me habla de la naturaleza de Jesús, que existe más allá de mis reacciones o el estilo de vida que elijo seguir como cristiana.


Jesús quiere que todo el mundo tenga acceso a él. Jesús quiere que todas las personas sean sus discípulas. Jesús le enseña a todo el mundo. Jesús es siervo de todo el mundo. Jesús representa la idea de un reino en donde todas las personas puede vivir más allá de las expectativas que la sociedad les impone. Jesús quiere que lleguemos a ser lo que Dios considera que es posible que seamos. Eso significa ser plenamente hijas e hijos de Dios y discípulas o discípulos de Cristo.


El problema con la humanidad es que esta demasiado preocupada y distraída con las competencias entre quien es más santo porque ora más, o porque hace más. No nos damos cuenta de quien es Jesús en esta historia y no entendemos su mensaje revolucionario y de equidad. Más allá de eso, no entendemos el impacto que su mensaje y su ejemplo deben tener en nuestras vidas. No podemos ver lo que Dios quiere que sea posible.


El Dios de amor tuvo una mala semana

Estaba leyendo un artículo esta semana que se titula «The God of Love Had a Really Bad Week» (El Dios de amor tuvo una mala semana). Fue escrito por Diana Butler Bass, una pastora metodista que admiro.


En este artículo, ella reflexiona sobre ver el evento en donde una multitud, respondiendo a las críticas del presidente a una congresista que nació en Somalia, pero que es ciudadana americana, comienzan a decir una y otra vez la frase «envíenla de vuelta». La reacción de Diana es una que me parece familiar, porque yo también la he pensado: ¿esta gente alguna vez fue a una escuela bíblica dominical?


Más allá de que pienso que es importantísimo ir a la iglesia a estudiar la Biblia, pienso que su preocupación es válida. ¿Qué hemos aprendido de Jesús que nos lleve a decir las palabras «envíenla de vuelta»? Ella se pregunta si las personas en este evento recuerdan una canción que muchos niños y niñas aprendieron en la iglesia:


Cristo ama a los niños, cuántos en el mundo están, no le importa tu color, a Jesús el Salvador, Cristo ama a los niños por doquier.

Jesús ama a TODOS los niños y niñas. Él se preocupa por TODAS las niñas y niños. Y parece haber una crisis en el alma del ser humano cuando algunas personas olvidan este dato tan sencillo. Jesús quiere que TODAS las personas se sienten a sus pies a aprender. Jesús sirvió a TODAS las personas. Jesús vino para TODAS las personas.


Puerto Rico

Quizás usted ha escuchado que en Puerto Rico las cosas no están bien. La gente está protestando, pidiendo al gobernador Ricardo Roselló que renuncie. Las razones pueden ser varias. No ha sabido manejar la situación de crisis que atraviesa la isla después del paso de los huracanes Irma y María, Hay personas dentro de su gobierno que han sido acusadas de cometer mal manejo de fondos públicos. Y para terminar, también se han publicado una serie de conversaciones en uno de los lugares de chat en la Internet en donde el gobernador y un grupo de amigos cercanos se burlan de mujeres, de una persona gorda, hacen mofa de las personas que perdieron seres queridos después del huracán María y hacen chistes pesados sobre personas homosexuales. Además, personas que no son parte del gobierno están siendo beneficiadas con información que les ha dado mucho dinero.


Para mi, ambas situaciones y ambos líderes están conectados. Tanto el presidente de los Estados Unidos, como el gobernador de Puerto Rico fueron electos por el pueblo para ser servidores públicos. Ambos entraron al poder bajo la expectativa de que servirían a TODO el pueblo, sin importar las críticas, su estatus económico, o cualquier otra diferencia. Y los dos han fallado al no servir para el beneficio de TODO el pueblo.


Ambos han escogido el camino de servir a las personas que consideran dignas o a las que les convienen. Ambos han escogido servir para beneficio propio. Y ambos viven de manipular al pueblo de manera tal que sienten que hay bandos compitiendo por las migajas que ellos se dignan en arrojar. Y caemos en la trampa de poner a competir a Marta y a María. Si una gana la otra pierde... y se distraen sin poder luchar por lo que Dios piensa que es posible para ellas, sin poder difrutar de la mejor parte.


Por eso, mi invitación en estos momentos difíciles es a poner los ojos en Jesús. En ese Jesús, que a través de su vida incluyó a las personas rechazadas y marginadas. En ese Jesús a quien le pudieron haber gritado «envíenlo de vuelta» a Nazaret, porque se atrevió a cuestionar a las autoridades religiosas y políticas de su tiempo. En ese Jesús, de quien el Sanedrín probablemente se burlaba porque su definición del reino y de las leyes decía que TODA persona tenía derecho a estudiar, a mejorar, a tener salud, a tener la misma importancia delante de los ojos de Dios y a ser hijos e hijas de Dios.


Es muy importante mantener nuestros ojos en Jesús. Es muy importante que nos sentemos a sus pies. Es muy importante servir como él sirvió. Amar como él amó. Vivir como él vivió y tener la esperanza que él tuvo. Pero quizás... en esto momentos históricos... también es importante retar como él retó, hablar como él habló, incluir como él incluyó y levantarnos ante la injusticia como él lo hizo. Eso es lo que Dios quiere que sea posible. Que Dios no ayude a hacer que esto sea una realidad. Amén.

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